Posteado por: don Gerardo de Suecia | 04 diciembre 2009

Visita de Japón (80)

Este pasó cuando estudiaba en Uppsala. Vivía en una pequeña habitación en un corredor para estudiantes. Una mañana, muy temprano, sonó el timbre yme fui para abrir. Afuera estaba mi amigo Fred con un joven japonés. Fred dijo: Este joven japonés iba en coche conmigo de Gävle. ¿Puedes darle alojamiento una noche en la antecámara? Esto fue el comienzo de un episodio con complicaciones. El hombre se llamaba Yama y tenía 18 años y era hijo de un famoso arquitecto japonés. Dormía varias noches en la cama de la antecámara. Después podía disponer una habitación de un estudiante que vivió un período en otro sitio. Poco a poco se estableció en Suecia, encontraba trabajo y se casó con una chica sueca. Vivía con ella en un cuarto en la ciudad. Perdíamos el contacto y yo no pensaba mucho en él. Entonces, un día sonó el timbre, y afuera estaba Yama. Me preguntó si podía vivir en la antecámara otra vez. Estaba en camino a Japón. Pero, le pregunté, ¿no estás casado? Me explicaba que su mujer no quería vivir más con él, y cosas así. Poco a poco comprendía que él tenía problemas con la salud mental. Me contaba que había empezado Aikido, el deporte con espada japonesa. Evidentemente el profesor le había metido en la cabeza que un hombre japonés no debía obedecer las órdenes de una mujer. De esta manera, se había complicado la vida porque un matrimonio en Suecia no es como lo de Japón. Todo se desarrollaba en una pesadilla. Oía músico Zen en las ruedas de los coches y una noche tomó la espada de Aikido y se puso a correr en la autopista hacia Estocolmo. Había hecho la mitad de la distancia cuando la policía le capturaron (Alguien les hubo llamado explicando que había visto a un japonés corriendo en la autopista con una espada en la mano…..). La policía le entregaron a Ulleråker, un manicomio afuera de Uppsala. Estaba allí unos días, pero después le consideraban bastante normal para estar en casa. Un día habló conmigo de gente que vivían en el corredor arriba y que habían puesto puntos radioactivos en él para poder dirigirle y controlarle. Todo me parecía totalmente loco y llamé a Ulleråker para pedir ayuda, porque esto no era normal. Pero el médico allí me informó de que los límites de lo que es normal son mucho más anchos para un médico allí que lo es para una persona normal. Y me pidió que tratara de soportar los molestias hasta que Yama se fuera a Japón. Decía que Yama tenía un síndrome típico para refugiados con paranoia y cosas así, y que pueda desaparecer en Japón en su ambiente normal. Bueno, vino el día cuando recibió el dinero para su viaje a Japón. Se fue para comprar billetes, pero volvió después de media hora sin billetes. Me quedaré aquí, dijo. Entonces exploté y grité: ¡Vete a la agencia de viajes y cómprate billetes, si no, te echaré en la calle en seguida! Desapareció inmediatamente y volvió con los billetes disculpándose de que tuviera miedo estar entre gente en la ciudad. El día cuando regresó a Japón me dio su cámara de marca Minolta para pagarme por la molestia. Y cuando encontré a un amigo suyo unos meses más tarde me contó que Yama estaba totalmente normal en Japón.


Responses

  1. Muy interesante el caso de Yama. ¿Cómo son los matrimonios en suecia?


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