Posteado por: don Gerardo de Suecia | 10 octubre 2010

Una matanza equivocada – un drama en miniatura (136).

Estar en el campo en la casita es maravilloso cuando hace sol y las noches están calmas. Pero el último tiempo no ha hecho sol y las noches no estaban calmas. Tenemos ratones en el desván. Los ratones corren como locos por las noches. Desván, no se si es un desván, es un espacio lleno de madera y fárrago.
Hay dos entradas al desván. Usamos la entrada bajo la terraza que da a la cocina. La trampilla tiene una puerta de construcción peligrosísima y abrirla es arriesgar su integridad física. Es decir tener la puerta en la cabeza. He logrado evitarlo hasta ahora. Pero hay otros momentos de peligro de muerte.

Por lo menos para los dedos. El hombre que ponía azulejos en el baño de nuestra casa nos regalaba dos ratoneras. Había escrito Gert en una y Kerstin en la otra. Era para que podamos competir y ver quién puede capturar más ratones. Qué ideas, de verdad.  Pero ahora teníamos ocasión de practicarlo!

Las ratoneras son de una construcción aún más tonta que la puerta. Es casi imposible tensarlas. Pueden cerrar sobre los dedos. Mi ratonera es un poco menos peligroso que la de Kerstin y por esto soy yo que gana siempre…..

Estando en una escalera de tijera, equilibrando con una ratonera llena de queso, con manos temblantes……. Uno da un suspiro de alivio después de haber logrado poner la ratonera en el desván. Y que los dedos quedan completos.

Tuve suerte la primera vez. Oía un ruido una hora o así después del puesto de la ratonera. No puedo decir que me gusta quitar la ratonera de su contenido….. Pero soy el hombre (!)…… Ponía el cadáver en un arbusto y esperaba que solo hubiera un ratón y que este ratón estuviera muerte. Entonces no tendría que actuar verdugo más.

La noche siguiente corrían ratones como nunca antes. Y comprendía que tenía que equilibrar por lo menos una vez más en la escalera de tijeras. Y la noche siguiente logré capturar a otro ratón que coloquaba en el mismo sitio; en el arbusto.

Ahora mi mujer quería efectivizar la caza y mandaba que yo pusiera la ratonera en el desván de día. Le decía que no funcionará, los ratones no comen queso de ratoneras de día pero ella es obstinada y al fin puse la ratonera en el desván a las diez por la mañana con una pieza de queso irresistible.

Solo después de unos minutos oíamos un golpe de una ratonera que cayó al suelo. “Ya ves!” decía Kerstin. Y yo para vaciar la ratonera. No había un ratón en la ratonera. Era un paro carbonero. Y estaba muy muerto. Desde entonces cazamos ratones solo por las noches.


Responses

  1. Es lo que tiene ser el hombre de la casa, jajaja, que toca quitar los cadáveres de las ratoneras… ¿En serio hacéis competiciones tu mujer y tú?
    ¿Qué es un paro carbonero?
    Saludos!

  2. Gracias por tus indicaciones: ya he visto la fotografía para hacerme a la idea de cómo es. ¡Pobrecito!

  3. Hola Don Gerardo!!

    Me he reido mucho con esta narración de los ratones. Fue una muerte muy inesperada para el pobre pájaro. Imagino Kerstin la paso un poco mal cuando vió al pajaro atrapado.

    Saludos a Kerstin desde Uppsala.

    (no conozco al pajaro carbonero así que visitaré el sitio que has indicado a zamarat)


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