Posteado por: don Gerardo de Suecia | 28 junio 2011

El arte de preparar una pizza (154)

Cuando estudiaba en Uppsala vivía en una habitación en una casa para estudiantes. La casa era nueva y habían construido ocho casas con 120 habitaciones en cada una. En el corredor donde vivía siempre habían habitaciones libres, porque no habían bastante de estudiantes para llenarlo.

Un día tuvimos un habitante nuevo, Vile. Dábamos cuenta de que no era estudiante y poco a poco comprendamos que era alcohólico. Tenía otros costumbres que los de nosotros. especialmente sus costumbres de comer. Comíamos en una cocina común en el corredor y podíamos ver lo que comían los otros.

La pizza había llegado a Suecia en 1968 (creo) y era popular comprar pizza “prefabricada” en los supermercados para recalentar en el horno.

Éramos cuatro estudiantes en un grupo de comensales, dos chicos y dos chicas y un día después de comer estábamos sentados en la mesa hablando. Entonces entró Vile con un amigo; tampoco él parecía ser estudiante. Habían comprado dos pizzas “prefabricadas” empaquetadas en plástico en el supermercado para recalentar en horno. Y ahora querían preparar las pizzas, esta novedad culinaria, y nosotros participábamos con interés pero sin comentarios.

Vile trataba de encontrar alguna instrucción pero no había nada más que la pizza y el plástico. Dijo a su amigo: “¡Caray! No sé como preparar esta pizza. ¿Sabes tú?” Le preguntó a su amigo. Tampoco él lo sabía. (Nosotros, claro, lo sabíamos, pero no decíamos nada porque nadie nos preguntaba). Y puesto que Vile y su amigo probablemente no solía usar el horno para preparar comida no surgió en sus cabezas el método correcto de recalentar una pizza.

“¿Vamos a cocinarla en una cazuela?” Vile preguntó. Y su amigo le respondió que probablemente era el método mejor. Y llenaron una cazuela con agua y la calentaron hasta que hirviera. Despedazaron la pizza en cuatro piezas cada una y pusieron lo todo en el agua caliente. (Y nosotros no decíamos nada, porque nadie nos preguntaba pero era difícil contener la risa).

Cuando la comida estaba “preparada” Vile y su amigo se sentaron a la mesa equipados con tenedores, platos y una cazuela con pizza de una consistencia indescriptible. (Entonces era difícil de no reírse).

Masticando la pizza el amigo tenía una expresión de sufrimiento en la cara, pero no decía nada probablemente de cortesía. Pero Vile no vacilaba: “¡Demonios! ¿Qué mierda es esto?”, tragando con aversión el primer y único bocado de la pizza, tomó la cazuela y tiró la “pizza a la masacre” en las basuras. (Entonces salimos de la cocina con verdaderas problemas de no reírnos. Pero escuchábamos afuera…).

“Pero que vamos a comer ahora”, dijo el amigo. “Bueno”, dijo Vile, tengo unas patas que podemos cocinar. Y esta vez probablemente lograban mejor con su método de preparar comida. No sé porque entramos en nuestras habitaciones para reírnos carcajadas.


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