Posteado por: don Gerardo de Suecia | 28 junio 2011

El conserje temido (155)

Cuando era alumno en Centralskolan (El Colegio Central) en Tierp teníamos un conserje con quien no se jugaba. Era especialista en revelar cosas prohibidas que hacíamos. Por ejemplo descubrirnos fumando, algo que estaba prohibido por alumnos de 9 – 12 años, además, siempre estaba de parte de las chicas. Y nadie de nosotros se atrevía hacer nada. Con una excepción. B. El no tenía miedo de mucho de no decir nada. Tampoco del conserje.

Un día estábamos reunidos alrededor de la asta de bandera. En el centro del grupo de alumnos estaba B. Entonces el conserje salió del edificio principal. Tenía una pila de toallas que iba a cambiar en los servicios. B le vio y gritó: “Ven por aquí, queremos decirte algo!” Admirábamos el coraje de B. Tuteando al conserje de esa manera.

El conserje interrumpió su paseo a los servicios y se acercó a nosotros. Estábamos llenos de esperanza para saber lo que B iba a decir. Al mismo tiempo realizábamos que lo todo podía desarrollarse en algo peligroso. El conserje se dirigió a B y le dijo: “Bueno, ¿que es que querías decirme? B le respondió, sin inmutarse: “Debíamos darte un golpe de todos nosotros porque eras un idiota”. Y después B se preparaba para huir. Cuando el conserje comprendió el contenido de lo que B había dicho se puso a correr, siguiendo a B que ya estaba en medio camino de curvar la esquina del colegio.

Depués de curvar B encontró a dos maestras que estaban guardando el patio de la escuela. Con habilidad B evitó una colisión entre sí y las maestras. Pero detrás de él vino el conserje con las toallas undulante, ya había perdido a una. El no tenía la misma habilidad como B y chocó con las maestras, perdió píe y todas las toallas caían dispersados alrededor de él.

Entonces una de las maestras le dijo: “Pero señor conserje, se pone en ridículo cazando a alumnos de esta manera”. Y disculpándose el conserje se puso a apilar las toallas.

No dábamos nunca un golpe al conserje. Pero escuchar a la la maestra aleccionar a él, que estaba rojo como un tomate en la cara; era casi mejor que un golpe…


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